"Invierte en todo aquello que un naufragio no pueda arrebatarte"
Proverbio

Amabilidad para Colorear el Mundo

Amabilidad_

Ser amable y generoso tiene una importante dimensión moral de la que no tenemos dudas. La religión y la filosofía han dado muestras de ello. Lo que la investigación científica ha aportado recientemente es la prueba de que practicar la amabilidad es bueno para el que la recibe, para el que la practica y también para el que es testigo de ella. Mostrar amabilidad genera emociones positivas en uno mismo y en los demás, y mejora la salud física y mental. Una ventaja considerable de la amabilidad es la influencia que tiene en la autopercepción. M.C. Clark sostiene que los actos amables incluso favorecen la sensación de que nuestra vida tiene sentido y valor.

Un estudio publicado en la revista Emotion por la Asociación Americana de Psicología señala que realizar actos de generosidad puede ayudar a las personas con ansiedad a sentirse más auténticas y seguras de sí mismas. Un detalle, una sonrisa, atender las necesidades de alguien o prestarle ayuda pueden ser actos sencillos que, sin embargo, generen un gran impacto en el bienestar propio y de los demás. Haz la prueba. Cede el paso cuando vas conduciendo, sostén la puerta del ascensor cuando veas a tus vecinos cargados con las bolsas de la compra, sonríe cuando des los buenos días a las personas con las que te relacionas. Trata de aportar un momento de amabilidad a los demás con tu presencia y notarás su efecto.

Los preadolescentes son más felices cuando actúan con amabilidad, según sugiere una investigación reciente que estudió a chicos y chicas de 9 a 12 años de edad, y que consiste en una comparación realizada durante 4 semanas entre los niños que trataron a alguien con amabilidad y los que simplemente visitaron unos cuantos lugares agradables. Los niños más amables no solamente dijeron que eran más felices al final de estudio, sino que era más probable que sus compañeros quisieran pasar más tiempo con ellos que con los del otro grupo. “Los hallazgos sugieren que una actividad prosocial sencilla y relativamente breve puede incrementar el vínculo entre los compañeros de clase”, según la autora del estudio, Kristin Layous, psicóloga e investigadora de la Universidad de California.

Sonja Lyubomirsky, investigadora, experta, profesora de la Universidad de California en Riverside, EEUU, y referente internacional en el ámbito de la Psicología Positiva, nos aconseja cómo poner en práctica nuestra amabilidad:

  1. Elige un día de la semana para ser amable. Los resultados de sus estudios demuestran que los mayores aumentos en felicidad los tuvieron los sujetos que eligieron un día de la semana, y ese día, hicieron un gran acto amable nuevo y especial, que les sacaba de su rutina o no era un acto amable que hicieran habitualmente, o entre tres y cinco actos amables pequeños ese mismo día.
  2. Varía, mezcla y cambia de forma constante tus actos de amabilidad. La manera de que no pierda efecto sobre tu bienestar es que la actividad amable siga siendo fresca y significativa, por eso te ayudará a que lo consigas que hagas actos amables distintos. Si no tienes dinero regala tiempo, sorprende a alguien con una comida casera, una salida, un regalo que puede ser atención, un elogio o afecto, una carta, o una llamada telefónica. Trata de hacer más veces algo amable que no hagas naturalmente. Esfuérzate por desarrollar compasión, es decir, la disponibilidad y la capacidad de comprender las dificultades y los puntos de vista de los demás.
  3. Contribuye al bien común, genera una cadena de amabilidades. Cuando decidas lo que vas a hacer ten en cuenta que a menudo ocurre que ser amable con una persona hace que ésta lo sea también con otra. Investigaciones recientes demuestran que el mero hecho de ser testigo o de oír hablar de un acto de amabilidad hace que las personas experimenten una “elevación” (calidez en el pecho, que se sientan conmovidas e impresionadas) y que tengan más deseos de hacer actos amables y generosos a los demás.
  4. Ten en cuenta los requisitos para que ser amable te haga feliz:

a) Determinadas categorías de ayuda van en detrimento de la salud física y mental. Por ejemplo, dedicarte en exclusiva a cuidar de un ser querido que tiene una enfermedad crónica o situación de dependencia supone que debas aprender a poner límites a la tarea de cuidar y debas aprender a cuidar de ti mismo. Cualquier ayuda que interfiera en tus objetivos, en tu funcionamiento cotidiano o que provoque amargura puede ser un obstáculo a superar y a aprender a gestionar para conseguir la felicidad.

b) Para producir la máxima mejora en el bienestar un acto amable debe hacerse de forma libre y autónoma. Lo habrás comprobado. Cuando te obligan a ser generoso puede que la persona que recibe el gesto se beneficie igualmente pero puede que tú estés lleno de resentimiento.

c) Es posible que otras personas no siempre estén conformes con tu amabilidad. Tu actitud y tu enfoque pueden difuminar o minimizar esos posibles sentimientos. No adoptar una actitud de superioridad ni de condescendencia, no tratar como un niño a la persona que estés ayudando y no ayudar a quienes no quieren ser ayudados son estrategias que Lyubomirsky nos apunta.

d) Ser más generoso/a, compasivo/a y benévolo/a te haría más feliz que aumentar tus ingresos. El dinero no hace felices a las personas o, siendo más exactos, no las hace tan felices, ni por tanto tiempo como en principio creen, por el fenómeno de habituación hedónica según el cual, al cabo de un tiempo, volvemos a sentir el nivel de bienestar que teníamos antes de un golpe de suerte, o de un aumento de sueldo, por ejemplo, en el que hayan incrementado nuestros ingresos.

Si quieres pasar a la práctica, las instrucciones que en su investigación Lyubomirsky dio a los participantes fueron estas:

“En nuestra vida cotidiana, todos hacemos algo amable por los demás. Lo que hacemos puede ser mucho o poco y la persona que se beneficia puede darse cuenta o no. Como ejemplos, cabe mencionar los siguientes: introducir monedas en el parquímetro de un desconocido, donar sangre, ayudar a un amigo con sus tareas, visitar a un familiar anciano o escribir una carta de agradecimiento. Durante la próxima semana, tienes que hacer cinco cosas amables. No hace falta que todas sean para la misma persona, que la persona se dé cuenta, ni que lo que hagas se parezca a lo que hemos mencionado. No hagas nada que pueda ponerte a ti mismo o a los demás en peligro”.

¿Te apetece probar? ¡Vive tu amabilidad!

Autor: Violeta Perán

Apasionada de la Psicología e interesada en el funcionamiento óptimo de las personas y de las organizaciones, cuenta con más de 15 años de experiencia como psicóloga, psicoterapeuta y docente en distintos ámbitos, públicos y privados, promoviendo la salud, el bienestar y la positividad saludable en el día a día. Es Psicóloga Sanitaria, Psicoterapeuta Europeo en Clínica y Salud, Especialista en Psicología Positiva Aplicada y Miembro de la SEPP, Sociedad Española de Psicología Positiva. Ha creado y dirige SaludableMente y es miembro del COP, Colegio Oficial de Psicólogos, de la Región de Murcia.

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2 Comentarios

  1. Ay, Violeta, qué lecciones de vida, no puedo estar más de acuerdo. Por cierto, que tengo el libro de Sonia Lyubomirsky en la mesilla, pero todavía no le he empezado…(tantas cosas…)

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