"Invierte en todo aquello que un naufragio no pueda arrebatarte"
Proverbio

Éxito ante la Adversidad

 

Resiliencia_

La vida no es un camino de rosas. La adversidad forma parte de la experiencia de estar vivo y existen momentos vitales en los que es necesario tolerar el dolor, aceptarlo, e incluso crecer psicológicamente a partir de él. Lo interesante es que tenemos datos, fruto de rigurosas investigaciones, que nos muestran que si bien algunas personas que experimentan situaciones traumáticas llegan a desarrollar trastornos, en la mayoría de los casos esto no es así, y en algunos incluso, son capaces de aprender y beneficiarse de tales experiencias.

Comprendiendo el afrontamiento a la adversidad

El interés por comprender cómo el ser humano hace frente a la adversidad siempre ha existido. En la actualidad podemos encontrar dos enfoques a la hora de comprender esta experiencia:

1. La aproximación convencional de los modelos patogénicos de la salud que, según Bonanno, 2004, pone el foco de atención en los efectos negativos de dichas experiencias, concretamente en el desarrollo del trastorno por estrés postraumático (TEPT) o sintomatología asociada. Este enfoque considera la reacción patológica como la forma normal de responder a los sucesos traumáticos. Sus defensores llegaron incluso a estigmatizar a las personas que no mostraban estas reacciones negativas asumiendo que en esos casos sufrían de raras y disfuncionales patologías.  Concibe a la persona que sufre una experiencia traumática como una víctima que potencialmente desarrollará una patología.

Según Gillham y Seligman, 1999; y Seligman y Csikszentmihalyi, 2000, poniendo el foco de atención en lo negativo se ha desarrollado una “cultura de la victimología” que ha llevado a asumir una visión pesimista de la naturaleza humana con 2 ideas erróneas de partida:

  • El trauma siempre conlleva grave daño.
  • El daño siempre refleja la presencia de trauma.

2. La aproximación más optimista de la psicología positiva, que entiende que la persona es activa y fuerte, y que tiene una capacidad natural de resistir y rehacerse ante la adversidad. Sin negar que esta experiencia es una de las más duras a las que se enfrenta el ser humano, supone una oportunidad para tomar conciencia y reestructurar la forma de entender el mundo, un momento idóneo para construir nuevos sistemas de valores.

Así, según Pan y Chan, 2007, hemos pasado de una visión tradicional de la adversidad asociada a la psicopatología, a una nueva visión de la adversidad asociada a la posibilidad de adaptación exitosa.

Rompiendo mitos 

En el campo de la salud mental, Avia y Vázquez, 1999, destacan que es habitual la presencia de ideas preconcebidas acerca de cómo reaccionan las personas ante determinadas situaciones, basadas generalmente en prejuicios y estereotipos y no en hechos y datos comprobados. Ejemplo de ello es la creencia de que la depresión y la desesperación intensa son inevitables ante la muerte de seres queridos, o que la ausencia de sufrimiento ante una pérdida indica negación, evitación y patología. También existe la idea tradicional de que una infancia infeliz condena a ser una persona fracasada. La realidad es muy distinta.

Un estudio pionero de Wortman y Silver, 1989, recopiló datos empíricos concluyendo que la mayoría de la gente que sufre una pérdida irreparable no se deprime, las reacciones intensas de duelo y sufrimiento no son inevitables y su ausencia no significa necesariamente que exista o vaya a existir un trastorno.

Y es que, según Avia y Vázquez, 1998, y Bonanno, 2004, las personas suelen resistir con insospechada fortaleza los embates de la vida, e incluso ante sucesos extremos hay un elevado porcentaje de personas que muestra una gran resistencia y que sale psicológicamente indemne o con daños mínimos del trance.

Resiliencia ante la adversidad

Según Masten, 2001, los datos muestran que la resiliencia es un fenómeno común entre personas que se enfrentan a experiencias adversas y que surge de funciones y procesos adaptativos normales del ser humano. La resiliencia es la capacidad de resistir y rehacerse ante la adversidad, de una persona o grupo, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves. Refleja la habilidad de mantener un equilibrio estable durante todo el proceso sin que afecte a su rendimiento y a su vida cotidiana, diferenciándose de la idea de recuperación que implica un retorno gradual hacia la normalidad.

Es enfatizar las potencialidades y recursos personales que permiten enfrentar situaciones adversas y salir fortalecido/a a pesar de estar expuesto/a a factores de riesgo.

¿Qué factores promueven la resiliencia? 

1. Características de personalidad y del entorno. Se incluyen la seguridad en uno mismo y en la propia capacidad de afrontamiento,  el apoyo social, creer que uno puede influir en lo que sucede a su alrededor, creer que se puede aprender de las experiencias positivas y negativas, tener un propósito en la vida, un sesgo positivo en la percepción de uno mismo, control de las emociones y de los impulsos, autonomía, sentido del humor, alta autoestima, empatía, capacidad de comprensión y de análisis de las situaciones, cierta competencia cognitiva y capacidad de atención y concentración. A mayor número de factores mayor probabilidad de mostrar resiliencia.

2. Padres o cuidadores competentes.  Este es uno de los factores que más evidencia empírica acumula.

3. Presencia de emociones positivas. Las emociones positivas parecen proteger a las personas frente a la depresión e impulsar su ajuste funcional. Las personas resilientes conciben y afrontan la vida de un modo más optimista, entusiasta y enérgico. Son personas curiosas y abiertas a nuevas experiencias, caracterizadas por altos niveles de emocionalidad positiva. Hacen frente a experiencias traumáticas utilizando el humor, la exploración creativa y el pensamiento optimista.

Como ejemplo de resiliencia podemos tomar el bambú que se adapta a los cambios en el cauce del río siendo flexible, manteniéndose a pesar de ellos.

Crecimiento postraumático ante la adversidad

Por crecimiento postraumático entendemos el cambio positivo que un individuo experimenta como resultado del proceso de lucha que emprende a partir de la vivencia de un suceso traumático, lo que le lleva a una situación mejor de la que tenía antes del suceso. Este cambio no es universal y no todas las personas que pasan por una experiencia traumática encuentran beneficio y crecimiento personal en ella.

¿Qué características de personalidad facilitan un cambio positivo tras una experiencia traumática? 

Fundamentalmente destacan el optimismo, la esperanza, las creencias religiosas y la extraversión.

¿Qué cambios se dan tras un hecho traumático?

Calhoun y Tedeschi, 1999; 2000, con sus estudios sobre los elementos de cambio que presentan los supervivientes tras un hecho traumático concluyeron que se dan 3 tipos de cambio:

1. En la percepción que se tiene de uno mismo: sensación de experiencia, realización, fortaleza, reafirmación personal y control.

2. En las relaciones interpersonales: sentimientos de unión familiar, apertura emocional, aceptación de ayuda y apoyos sociales.

3. En la filosofía de vida: cambios en la escala de valores, nuevas prioridades en la vida, mayor compromiso ético y social, etc.

Como ejemplo de crecimiento postraumático podemos hablar del gusano que pasa a crisálida y termina transformándose en mariposa.

Si quieres profundicar más al respecto, puedes ver esta interesante ponencia de Gonzalo Hervás, doctor en psicología, profesor de la universidad complutense de Madrid y experto en Psicología Positiva.

 Ejemplos de resiliencia y de crecimiento postraumático

Muchas personas alcanzan el éxito ante la adversidad. Sabemos que son mayoría y no una excepción. Su éxito es casi siempre discreto, más evidente para su entorno inmediato. Son el vivo ejemplo de que es posible resistir, rehacerse e incluso crecer ante la adversidad. Sus fortalezas personales (valentía, persistencia, esperanza, ilusión, etc.), su manera de afrontar cada día, son el testimonio de lo mejor del ser humano durante la adversidad y tras ella. Su coraje apenas tiene eco en los medios de comunicación salvo en contadas ocasiones. Pero están ahí. Y son muchas más las que salen adelante que las que se rinden. Y es saludable saberlo.

Esta campaña de FSC Inserta, la entidad de inserción social de la Fundación ONCE, es un buen reflejo de componentes psicológicos clave a la hora de afrontar con éxito la adversidad. Actitudes, pensamientos, creencias, ideas y fortalezas que reflejan una misma meta: no rendirse ante la adversidad y pasar a la acción para vencerla, superarla e incluso crecer a partir de ella.

Fuente:

“La experiencia traumática desde la Psicología Positiva: resiliencia y crecimiento postraumático”. Vera Poseck, B.; Carbelo Baquero, B.; Vecina Jiménez, M.L. Papeles del Psicólogo, 2006. Vol. 27(I), pp.40-49.

Autor: Violeta Perán

Apasionada de la Psicología e interesada en el funcionamiento óptimo de las personas y de las organizaciones, cuenta con más de 15 años de experiencia como psicóloga, psicoterapeuta y docente en distintos ámbitos, públicos y privados, promoviendo la salud, el bienestar y la positividad saludable en el día a día. Es Psicóloga Sanitaria, Psicoterapeuta Europeo en Clínica y Salud, Especialista en Psicología Positiva Aplicada y Miembro de la SEPP, Sociedad Española de Psicología Positiva. Ha creado y dirige SaludableMente y es miembro del COP, Colegio Oficial de Psicólogos, de la Región de Murcia.

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8 Comentarios

  1. Siempre se aprende algo de las situaciones difíciles, afrontarlas ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos, a nuestro entorno, a gestionar nuestras emociones, a tener mayor autocontrol, a enfrentar las futuras con mayor fortaleza, a gozar de mejor criterio y perspectiva, tanto a la hora de actuar, como a la de juzgar a los demás… nuestra madurez depende, en gran medida, de ellas. Aunque en alguna ocasión me hayan parecido duros, agradezco a mis padres me hayan empujado siempre a afrontarlas, no haberme permitido quedarme en su burbuja de protección e inculcarme prudencia y respeto, en esos casos, incluso por aquellos que no lo han tenido o lo están teniendo hacia mí, pues con el tiempo me doy cuenta que eso me aporta capacidad para salir sin tanta mella de los trances, serenidad, estabilidad emocional y a la larga una vida más feliz.

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    • Eso es Zaida, ver lo positivo y construir a partir de la adversidad nos ayuda a salir adelante. Gracias por tu comentario.

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  2. Que bien documentado y qué esperanzador para aquellos que pasan por momentos difíciles. Te felicito, Violeta. Aprendamos de cada experiencia en la vida, incluidas aquellas mas duras.

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  3. Enhorabuena por el artículo, me parece increíble que consiga abordar tan bien un tema así de amplio en tan pocas palabras. Sin duda, la forma de afrontar las adversidades de la vida está marcada por nuestro bagaje cultural y en la actualidad parece que las personas toleramos cada vez peor el malestar. Nos queremos quitar en seguida cualquier molestia, ya sea física o emocional y nos resistimos a la idea de que una vida sin experiencias desagradables es algo improbable y poco enriquecedor. Todo acontecimiento, por muy negativo que sea, nos configura como personas y puede ser un escalón más en nuestro crecimiento personal.

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  4. Enhorabuena por el articulo, muy útil. Gracias por compartir. Un saludo

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