"Invierte en todo aquello que un naufragio no pueda arrebatarte"
Proverbio
¡Haz que pase!
Ene28

¡Haz que pase!

A veces, más que por auténtica convicción, porque “toca”, pensamos en cambiar hábitos, en especial a principios de año, sin más implicación. Como cabe esperar, en cuanto pasan unas semanas, cuando no antes, abandonamos la idea. Queremos tener vidas felices y significativas, sin embargo, no siempre nos decidimos a invertir el tiempo, la dedicación y los recursos necesarios para conseguirlo. Pero ¿es saludable perseguir y cumplir metas? ¿Qué relación tiene con disfrutar de una buena salud? ¿Qué hacen diferente o qué características tienen las personas que consiguen que lo que desean pase? Y, lo más importante, ¿podemos aprender de ellas? Veamos algunos datos que la Psicología nos aporta al respecto. La importancia de saber elegir y cumplir metas para la salud Cada vez contamos con una mayor evidencia empírica que relaciona el grado en que cumplimos nuestras metas u objetivos personales con el bienestar que experimentamos. Y es que los logros personales son una vía para aumentar nuestro bienestar. Según los datos existentes podemos extraer las siguientes recomendaciones: 1. Cree en ti. Partiendo del Modelo social-cognitivo de Albert Bandura, 1989, y de su Teoría de la autoeficacia, 1997, las personas consiguen su bienestar como consecuencia del logro de sus objetivos personales, los cuales dependen de sus creencias de auto-eficacia. Bandura defiende que, “creer en uno mismo no necesariamente asegura el éxito, pero no creer en uno mismo sin duda lleva al fracaso”. La autoeficacia influye reduciendo estados de afecto negativo y aumentando los de afecto positivo. La motivación y la acción humanas están reguladas por las creencias de control que implican 3 tipos de expectativas:   Expectativas de situación-resultado. Las consecuencias se producen por sucesos ambientales independientemente de la acción personal. Expectativas de acción-resultado. El resultado es consecuencia de la acción personal. Autoeficacia percibida. Referida a la confianza de la persona en sus capacidades para realizar las acciones necesarias con las que alcanzar un resultado deseado. Las creencias de autoeficacia influyen sobre cualquier proceso de cambio personal de ahí su importancia para alcanzar metas. 2. Elige objetivos autoconcordantes.  Según el Modelo de autoconcordancia de Sheldon y Elliot, 1999, las personas pueden elegir o no objetivos que representen adecuadamente sus valores más profundos y sus intereses más duraderos. Distingue entre: Objetivos autoconcordantes. Objetivos buscados por motivaciones intrínsecas o por convicciones con las que la persona se identifica. Estos objetivos tienden a mostrar un locus de causalidad interno, es decir, se sienten como el resultado de una elección propia. Objetivos no-autoconcordantes. Objetivos que proceden del control externo, perseguidos por razones externas o por normas introyectadas, caracterizándose por producir ansiedad y culpa, y por proceder de regiones no integradas del self, es decir, se sienten como una elección ajena. Los primeros representan mejor el estado y los procesos...

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La Felicidad como Hábito
Sep19

La Felicidad como Hábito

Fue el psicólogo norteamericano Michael W. Fordyce (1977, 1983) quien realizó los primeros estudios sobre una intervención dirigida al incremento del bienestar. Concluyó que se requería de una actividad intencional sostenida para alcanzar aumentos en la felicidad, y que se necesitaba práctica más que información para lograrlo. Sin embargo, sus estudios pasaron desapercibidos a pesar de poner de manifiesto que el bienestar es “educable” (Fordyce, 1997). En este sentido podemos entender la felicidad como hábito.  No fue hasta finales de los años 90 cuando la Psicología abandona su mayoritario foco de interés en lo psicopatológico y comienza a estudiar el funcionamiento óptimo personal, las experiencias positivas, las fortalezas psicológicas y, en definitiva, lo positivo que se asocia al bienestar y al fortalecimiento de las personas, los grupos y la comunidad, dando lugar al nacimiento de una floreciente y fructífera rama: la Psicología Positiva. Este hecho ha favorecido el estudio científico de la felicidad, llamada de manera más rigurosa bienestar psicológico.    Pero ¿es interesante tratar de ser feliz? A la vista de los datos que muestran las investigaciones, por supuesto que lo es. Ser feliz está asociado a multitud de efectos beneficiosos: mejor salud, mejor integración social, mejor rendimiento laboral o mayor tendencia al altruismo. Concretamente, el afecto positivo tiene efectos en distintos niveles. A nivel interpersonal: el juicio hacia uno mismo y hacia los demás es más positivo, reduce la defensividad, se favorecen conductas altruistas. A nivel cognitivo: amplía el campo visual, genera un pensamiento más flexible y creativo, permite codificar y recuperar mejor recuerdos positivos. A nivel físico: mejora el sistema inmunitario, previene enfermedades, acelera la recuperación y aumenta la longevidad. A nivel emocional: reduce las dudas, permite contrarrestar afectos negativos, favorece el desarrollo emocional y la resistencia a las adversidades (Vázquez, Hervás y Ho, 2006). Martin Seligman psicólogo precursor clave de la Psicología Positiva y uno de los más influyentes y citados de la historia reciente de la Psicología (Gilham 2000), dice: “la verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las fortalezas más importantes de la persona y de su uso cotidiano en el trabajo, el amor, el ocio y la educación de los hijos”. Y es que las fortalezas y recursos psicológicos son características positivas de la personalidad que todo el mundo tiene, y factores de protección contra la adversidad y el infortunio. Cada persona destaca en unas fortalezas y conocerlas es una vía para potenciarlas, disfrutarlas e incrementar el bienestar en el día a día.   ¿Podemos cultivar, educar o entrenar la felicidad? Cada vez tenemos más evidencias científicas de que es posible. En base a su investigación, Sonja Lyubomirsky (2005), referente internacional en Psicología Positiva, llegó a la conclusión de que...

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Tres Vías hacia la Felicidad
Jul17

Tres Vías hacia la Felicidad

Si hay una meta que nos une como personas es la de querer ser felices y que lo sean también las personas que más queremos y nos importan. Si cada uno de nosotros tratáramos de explicar qué nos hace felices encontraríamos aspectos comunes a lo que hace felices a los demás pero también diferencias en cuanto a poner el acento en unas cuestiones en detrimento de otras. Para Martin Seligman (2002), precursor fundamental de la Psicología Positiva, existen tres vías hacia la felicidad con las que alcanzar una vida plena: la vida placentera, la vida comprometida y la vida con significado. Veamos en qué consisten: 1. La Vida Placentera (Pleasant Life).  Esta vía responde a la idea más común extendida sobre la felicidad. La propuesta es del todo hedonista. Consiste en aumentar la cantidad de emociones positivas en el pasado, en el presente y en el futuro. Concretamente, en el presente, a través del savoring o saboreo que consiste, básicamente, en amplificar los sentidos prestando mayor atención a las sensaciones “saboreándolas”, de ahí el nombre, y la práctica de mindfulness o atención plena que es un estado mental de concentración que mejora conforme se practica o se entrena; focalizándonos en el pasado al cultivar la gratitud y el perdón;  y proyectándonos en el futuro a través de la esperanza y el optimismo.  Esta vía a la felicidad tiene dos limitaciones importantes: a) Que el nivel de emocionalidad positiva es más o menos fijo y tiene poca probabilidad de cambio (Lyobomirsky, 2007) pues está muy ligado a la personalidad y a los componentes genéticos heredables (entre un 40% a un 50%) y b) Que ocurre un fenómeno que se denomina adaptación hedónica o habituación por el que nos habituamos rápidamente a las emociones positivas. Claro que, visto en positivo, este fenómeno de adaptación hedónica operaría como un factor protector frente a las adversidades. 2. La Vida Comprometida (Engagement Life). El bienestar en esta vía se deriva de poner en práctica nuestras fortalezas personales, del compromiso con las tareas que facilitan nuestra capacidad de experimentar flow, entendido como flujo o fluidez. Se alcanza el estado de flow cuando una actividad nos absorbe y tenemos la sensación de que el tiempo se detiene. Podemos experimentar flow cuando practicamos nuestras actividades favoritas, tenemos un desafío que nos motiva a superarnos, leemos un libro o hablamos sobre un tema que nos apasiona. Para alcanzar ese estado, la tarea no puede ser ni muy aburrida, porque el estado de flow no se alcanza, ni muy estresante, porque el flow se pierde. Es una ecuación entre las habilidades personales y las características de la tarea. Si eres consciente de tus fortalezas personales al aplicarlas en una tarea concreta alcanzas esa conexión tan particular llamada compromiso o engagement. Es importante destacar que el estado de flow exige esfuerzo e implicación en la tarea que se realiza. 3. La Vida con Significado (Meaningfull...

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