"Invierte en todo aquello que un naufragio no pueda arrebatarte"
Proverbio
La Felicidad como Hábito
Sep19

La Felicidad como Hábito

Fue el psicólogo norteamericano Michael W. Fordyce (1977, 1983) quien realizó los primeros estudios sobre una intervención dirigida al incremento del bienestar. Concluyó que se requería de una actividad intencional sostenida para alcanzar aumentos en la felicidad, y que se necesitaba práctica más que información para lograrlo. Sin embargo, sus estudios pasaron desapercibidos a pesar de poner de manifiesto que el bienestar es “educable” (Fordyce, 1997). En este sentido podemos entender la felicidad como hábito.  No fue hasta finales de los años 90 cuando la Psicología abandona su mayoritario foco de interés en lo psicopatológico y comienza a estudiar el funcionamiento óptimo personal, las experiencias positivas, las fortalezas psicológicas y, en definitiva, lo positivo que se asocia al bienestar y al fortalecimiento de las personas, los grupos y la comunidad, dando lugar al nacimiento de una floreciente y fructífera rama: la Psicología Positiva. Este hecho ha favorecido el estudio científico de la felicidad, llamada de manera más rigurosa bienestar psicológico.    Pero ¿es interesante tratar de ser feliz? A la vista de los datos que muestran las investigaciones, por supuesto que lo es. Ser feliz está asociado a multitud de efectos beneficiosos: mejor salud, mejor integración social, mejor rendimiento laboral o mayor tendencia al altruismo. Concretamente, el afecto positivo tiene efectos en distintos niveles. A nivel interpersonal: el juicio hacia uno mismo y hacia los demás es más positivo, reduce la defensividad, se favorecen conductas altruistas. A nivel cognitivo: amplía el campo visual, genera un pensamiento más flexible y creativo, permite codificar y recuperar mejor recuerdos positivos. A nivel físico: mejora el sistema inmunitario, previene enfermedades, acelera la recuperación y aumenta la longevidad. A nivel emocional: reduce las dudas, permite contrarrestar afectos negativos, favorece el desarrollo emocional y la resistencia a las adversidades (Vázquez, Hervás y Ho, 2006). Martin Seligman psicólogo precursor clave de la Psicología Positiva y uno de los más influyentes y citados de la historia reciente de la Psicología (Gilham 2000), dice: “la verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las fortalezas más importantes de la persona y de su uso cotidiano en el trabajo, el amor, el ocio y la educación de los hijos”. Y es que las fortalezas y recursos psicológicos son características positivas de la personalidad que todo el mundo tiene, y factores de protección contra la adversidad y el infortunio. Cada persona destaca en unas fortalezas y conocerlas es una vía para potenciarlas, disfrutarlas e incrementar el bienestar en el día a día.   ¿Podemos cultivar, educar o entrenar la felicidad? Cada vez tenemos más evidencias científicas de que es posible. En base a su investigación, Sonja Lyubomirsky (2005), referente internacional en Psicología Positiva, llegó a la conclusión de que...

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Slow… Vida con Calidad
Ago20

Slow… Vida con Calidad

  Para decidirte a disfrutar mucho más de lo que verdaderamente importa y supone estar vivo/a, cualquier momento del año es bueno. Pero qué mejor época que el verano, tiempo en el que solemos desacelerar nuestro ritmo habitual de vida, para comenzar a dar pasos hacia una vida con más calidad, más plena, consciente y sostenible. Es todo un reto, sin duda, pero conlleva tantos beneficios que te alegrará saber que, lejos de parecer utópico, haciendo pequeños cambios saludablemente positivos para ti, impulsarás también cambios saludablemente positivos para los demás y para el planeta. PARTIENDO DE LA TEORÍA_ Aspectos a tener en cuenta La definición de salud. Lo dijo la OMS, Organización Mundial de la Salud, en 1948: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Partiendo de esta definición de salud globalmente aceptada, no es suficiente que no estés enfermo/a para que tengas salud. Debes tener bienestar en todo lo que eres como ser humano: un cuerpo y una mente en relación contigo mismo, con los demás y con lo demás.   La naturaleza del bienestar. La perfección no existe, sin embargo, para favorecer y construir el bienestar debemos tener en cuenta su naturaleza integral. El bienestar reúne varias cualidades. Es intradependiente pues depende de la relación que tengas contigo mismo. Es interdependiente ya que el bienestar individual depende del bienestar grupal y social, influyéndose mútuamente. Es multifactorial pues depende del equilibrio en diversos factores (biológicos, psicológicos, sociales, familiares, económicos, políticos, culturales, etc.). Es multinivel pues es individual y grupal, local y global. Estás tú, pero también tu familia, tu comunidad de vecinos, tu barrio, tu pueblo, tu ciudad, tu país, etc. Por eso, hablar de bienestar individual implica necesariamente hablar de bienestar global. Y también, hablar del bien individual implica hablar del bien común.  El estilo de vida. Cada momento que estás vivo/a “lo” que sientes, piensas y haces, impulsa tu salud y tu bienestar o los frena. Como formas parte de un sistema social, “lo” que comes, vistes, lees, escuchas, etc., está regenerando o destruyendo tu propia salud y la de los demás. Y también es importante el “cómo” lo haces: cómo viajas, cómo tienes sexo, cómo desconectas y ocupas tu tiempo libre, cómo te comunicas, cómo te informas, etc. Con todo ello, estás construyendo o destruyendo tu propio bienestar, pero también el de los demás y el del planeta. Por eso, vivir saludablemente es la clave del bienestar integral.  La consciencia. Para ponernos en marcha y hacer cambios necesitamos darnos cuenta, es decir, necesitamos consciencia individual. Lo que implica que estés vivo/a, las actividades que realizas cada día al levantarte y la manera en que las haces, tu forma de funcionar y relacionarte contigo mismo, con lo demás, con los demás y con el planeta, está provocando consecuencias en la calidad de vida a todos los niveles. Estás promoviendo la...

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Tres Vías hacia la Felicidad
Jul17

Tres Vías hacia la Felicidad

Si hay una meta que nos une como personas es la de querer ser felices y que lo sean también las personas que más queremos y nos importan. Si cada uno de nosotros tratáramos de explicar qué nos hace felices encontraríamos aspectos comunes a lo que hace felices a los demás pero también diferencias en cuanto a poner el acento en unas cuestiones en detrimento de otras. Para Martin Seligman (2002), precursor fundamental de la Psicología Positiva, existen tres vías hacia la felicidad con las que alcanzar una vida plena: la vida placentera, la vida comprometida y la vida con significado. Veamos en qué consisten: 1. La Vida Placentera (Pleasant Life).  Esta vía responde a la idea más común extendida sobre la felicidad. La propuesta es del todo hedonista. Consiste en aumentar la cantidad de emociones positivas en el pasado, en el presente y en el futuro. Concretamente, en el presente, a través del savoring o saboreo que consiste, básicamente, en amplificar los sentidos prestando mayor atención a las sensaciones “saboreándolas”, de ahí el nombre, y la práctica de mindfulness o atención plena que es un estado mental de concentración que mejora conforme se practica o se entrena; focalizándonos en el pasado al cultivar la gratitud y el perdón;  y proyectándonos en el futuro a través de la esperanza y el optimismo.  Esta vía a la felicidad tiene dos limitaciones importantes: a) Que el nivel de emocionalidad positiva es más o menos fijo y tiene poca probabilidad de cambio (Lyobomirsky, 2007) pues está muy ligado a la personalidad y a los componentes genéticos heredables (entre un 40% a un 50%) y b) Que ocurre un fenómeno que se denomina adaptación hedónica o habituación por el que nos habituamos rápidamente a las emociones positivas. Claro que, visto en positivo, este fenómeno de adaptación hedónica operaría como un factor protector frente a las adversidades. 2. La Vida Comprometida (Engagement Life). El bienestar en esta vía se deriva de poner en práctica nuestras fortalezas personales, del compromiso con las tareas que facilitan nuestra capacidad de experimentar flow, entendido como flujo o fluidez. Se alcanza el estado de flow cuando una actividad nos absorbe y tenemos la sensación de que el tiempo se detiene. Podemos experimentar flow cuando practicamos nuestras actividades favoritas, tenemos un desafío que nos motiva a superarnos, leemos un libro o hablamos sobre un tema que nos apasiona. Para alcanzar ese estado, la tarea no puede ser ni muy aburrida, porque el estado de flow no se alcanza, ni muy estresante, porque el flow se pierde. Es una ecuación entre las habilidades personales y las características de la tarea. Si eres consciente de tus fortalezas personales al aplicarlas en una tarea concreta alcanzas esa conexión tan particular llamada compromiso o engagement. Es importante destacar que el estado de flow exige esfuerzo e implicación en la tarea que se realiza. 3. La Vida con Significado (Meaningfull...

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